h1

39-SURGMIENTO DE UNA CIVILIZACION

enero 28, 2013

 

imagesPlaneta Azul comienza su recorrido en el tiempo, en busca de los orígenes de una civilización repentina. Durante mucho tiempo, el hombre occidental ha creído que su civilización era el legado de Roma y Grecia, pero los mismos filósofos griegos dijeron en repetidas oportunidades que su saber lo habían extraído de fuentes aún más antiguas. Luego de que el hombre occidental descifrara la escritura y la lengua del antiguo Egipto, los esfuerzos arqueológicos que siguieron, revelaron que había existido una gran civilización en aquel lugar, mucho antes del advenimiento de la civilización griega. Los textos egipcios hablaban de dinastías reales que habían comenzado dic5211.jpgCretaalrededor del 3100 a.c, dos milenios antes del inicio de una civilización helénica que, alcanzando su madurez entre los siglos V y IV a.c., era más, una advenediza de última hora, que una engendradora de civilizaciones. ¿Acaso el origen de nuestra civilización se encontraba en Egipto? Por lógica que pudiera parecer esta conclusión, los hechos demostraban lo contrario. Los eruditos griegos hablaban de visitas a Egipto, pero las antiguas fuentes de conocimiento de las que hablaban se encontraban en algún otro lugar. Las culturas pre-helénicas del Egeo, la cultura monoica de la isla de Creta y la micénica de la Grecia continental, ofrecían evidencias de que había sido una cultura del Oriente Medio, y no la egipcia, la cultura de donde se habían nutrido los griegos. Siria y Anatolia, anatoliay no Egipto, eran las vías principales, a través de las cuales, había llegado hasta los griegos, una civilización aún más antigua. Al darse cuenta de que la invasión dórica de Grecia y la invasión israelita de Canaán, que siguió al éxodo de Egipto, tuvieron lugar casi al mismo tiempo (alrededor del siglo XIII a.c), los estudiosos comenzaron a descubrir cada vez más similitudes entre las civilizaciones semitas y helénicas. Posteriores investigaciones demostraron que la primitiva escritura monoica llamada Lineal A, parecía pertenecer a una lengua semita. Se llegó a la conclusión de que «el diseño (a diferencia del contenido) de las civilizaciones hebrea y monoica es, en gran medida, el mismo», y se descubrió que el nombre de la isla, Creta, deletreado en monoico como Ke-re-ta, era muy similar al de la palabra hebrea Ke-re-et («ciudad amurallada»), y tenía su homólogo en un relato semita de un rey de BANDEIRASdKeret. Incluso el alfabeto griego, del cual derivan el alfabeto latino y el nuestro, proviene del Oriente Medio. Los mismos historiadores griegos de la antigüedad escribieron que un fenicio llamado Cadmo («antiguo») trajo el alfabeto, que constaba del mismo número de letras, y en el mismo orden, que el alfabeto hebreo; aquel era el alfabeto griego que existía cuando tuvo lugar la Guerra de Troya. Más tarde, ya en el siglo V a.c, el poeta Simónides de Ceos elevó el número de letras a 26. Se puede demostrar fácilmente que la escritura griega y la latina, y, por ende, los cimientos de la cultura occidental, provienen del Oriente Medio sólo con que comparemos el orden, los nombres, los signos e, incluso, los valores numéricos del alfabeto original del Oriente Medio, con los muy posteriores griego y latino. Se tiene por demostrado que las 11raíces culturales, religiosas e históricas de los antiguos persas se remontan a los primitivos imperios de Babilonia y Asiria, cuyo auge y caída están registrados en el Antiguo Testamento. Al principio, se tuvo por dibujos decorativos los símbolos que constituyen la escritura grabada en los monumentos y sellos aqueménidas. Posteriormente describieron los signos como «cuneados», o impresiones con forma de cuña. Desde entonces, se han conocido a como escritura cuneiforme. A medida que se fueron descifrando las inscripciones aqueménidas, se fue haciendo evidente que estaban escritas, de la misma manera que las inscripciones encontradas en las antiguas obras y tablillas de Mesopotamia, las llanuras y las tierras altas que se extienden entre los ríos Tigris y Éufrates. En 1843 se realizo la primera excavación arqueológica, tal como se entiende en nuestros días. Seleccionó un lugar en el norte de Mesopotamia, cerca de la actual Mosul, llamada ahora Jorsabad. Comodescarga resultado de los estudios hechos en la excavación, no tardó en establecerse, que las inscripciones cuneiformes nombraban a aquel lugar como Dur Sharru Kin. Eran inscripciones semitas, en una lengua hermana de la hebrea, y el nombre significaba «ciudad amurallada del rey justo». Nuestros libros de texto llaman a este rey Sargón II. Esta ciudad, la capital del rey asirio, tenía como centro un magnífico palacio real cuyos muros estaban decorados con bajorrelieves; unos bajorrelieves que, si se hubieran puesto uno detrás de otro, se habrían extendido a lo largo de casi dos kilómetros. Dominando la ciudad y el recinto real, había una pirámide escalonada llamada zigu-rat, que servía como «escalera hacia el Cielo» para los dioses. El diseño de la ciudad y de las esculturas retrataba una forma de vida de grandes magnitudes. Los palacios, los templos, las casas, los establos, los almacenes, las murallas, los pórticos, las columnas, los adornos, las estatuas, las obras de arte, las torres, las rampas, las terrazas, los jardines, todo, se terminó en solo cinco años. Es impresionante la fuerza potencial de un imperio que pudo hacer tanto en tan breve lapso de tiempo», hace unos 3.000 años. De los estudios realizados en una excavación hecha Tigris abajo, a unos dieciséis kilómetros 150410154657_asiria_nineve_624x351_alamide Jorsabad, en una zona que los habitantes llamaban Kuyunjik; y resultó ser la capital asiria de Nínive. Los nombres y los sucesos bíblicos comenzaban a recobrar vida. Nínive fue la capital real de Asiria bajo el mandato de sus tres últimos grandes soberanos: Senaquerib, Asaradón y Asurbanipal. En los montículos en los que Senaquerib y Asurbanipal construyeron Nínive, se descubrieron palacios, templos y obras de arte que sobrepasaban a los de Sargón. Pero no se ha podido excavar la zona en la que se cree que se encuentran las ruinas de los palacios de Asaradón, dado que, en la actualidad, se erige allí una mezquita musulmana donde se supone que está enterrado el profeta Jonás, aquel que fuera tragado por una ballena por negarse a llevar el mensaje de Yahveh a Nínive. En las antiguas crónicas griegas, se describe un lugar de pirámides y ruinas de una antigua ciudad ¡una ciudad que ya estaba enterrada en tiempos de Alejandro!  La cual se desenterró también, y resultó ser Nimrud, el centro militar de Asiria. Allí se encontró un obelisco en memoria de sus 9324637expediciones y conquistas militares donde había una lista de los reyes que fueron obligados a pagar tributo, entre los cuales figura «Jehú, hijo de Omri, rey de Israel» ¡Una vez más, las inscripciones mesopotámicas y los textos bíblicos se confirmaban entre sí! Asombrados por las cada vez más frecuentes corroboraciones arqueológicas de los relatos bíblicos, los asiriólogos, nombre que se le da a estos investigadores, se fijaron en el capítulo décimo del Libro del Génesis. En él, Nemrod, «un bravo cazador delante de Yahveh», es descrito como el fundador de todos los reinos de Mesopotamia. Y lo cierto es que había montículos entre Nínive y Nimrud a los que los lugareños llamaban Calah. Entre 1903 y 1914, varios equipos excavaron la zona y descubrieron las ruinas de Assur, el centro religioso de los asirios, además de su capital más antigua. De todas las ciudades asirias mencionadas en la Biblia, sólo queda por ser descubierta Resen, cuyo nombre significa «brida de caballo»; quizás fuera el lugar donde se encontraban los establos reales de Asiria. Más o menos por la misma época en la que estaba siendo excavada Assur, otros equipos  estaban completando la excavación de Babilonia, la bíblica Babel, una vasta extensión de palacios, templos y jardines colgantes, con su inevitable zigurat. Y no pasó mucho tiempo antes de que algunos objetos e inscripciones revelaran la historia de los dos imperios que habían competido por el control de Mesopotamia: Babilonia y Asiria, uno en el sur y otro en el norte. Aunque fueron rivales a lo largo de toda su historia, sería difícil destacar diferencias significativas entre Asiria y 9324557Babilonia, tanto en cuestiones culturales como materiales. Aun cuando Asiria llamaba a su dios supremo Assur, y Babilonia aclamaba a Marduk, los panteones eran, por lo demás, virtualmente iguales. Los verdaderos tesoros de estos reinos fueron sus registros escritos: miles y miles de inscripciones en escritura cuneiforme entre las que hay cuentos cosmológicos, poemas épicos, historias de reyes, anotaciones de templos, contratos comerciales, registros de matrimonios y divorcios, tablas astronómicas, predicciones astrológicas, fórmulas matemáticas, listas geográficas, textos escolares de gramática y vocabulario, y los no menos importantes textos donde se habla de los nombres, la genealogía, los epítetos, las obras, poderes y deberes de los dioses. El lenguaje común que formó el lazo cultural, histórico y religioso entre Asiria y Babilonia era el acadio, la primera lengua semita conocida; semejante, aunque anterior, al hebreo, el arameo, el fenicio y el cananeo. Pero los asirios y los babilonios nunca afirmaron haber inventado su lengua o escritura; de hecho, en muchas de sus tablillas hay una nota final en la que se dice que ese texto es una copia de un original más antiguo. Entonces, ¿quién inventó la escritura cuneiforme y desarrolló aquella lengua, con su precisa gramática y su rico vocabulario? ¿Quién escribió esos «originales más antiguos»? ¿Y por qué tanto asirios como babilonios llamaban a su idioma acadio? No tardó en hacerse obvio que una lengua más antigua, y no sólo una forma de escritura más antigua, se hallaba implícita en todo aquello. Los estudiosos se encontraron con que las inscripciones y los textos acadios hacían amplio uso de palabras prestadas, palabras que habían tomado intactas de otra lengua (del mismo modo que otros idiomas modernos han tomado prestada la palabra inglesa stress). Y esto se hacía especialmente evidente en aquellos aspectos en los que había involucrada 9324199algún tipo de terminología científica o técnica, así como en asuntos relacionados con los dioses y con los cielos. Uno de los mayores descubrimientos de textos acadios tuvo lugar en las ruinas de una biblioteca reunida por Assurbanipal en Nínive; el asiriologo Layard y sus colegas, sacaron de aquel lugar más de 25.000 tablillas, muchas de las cuales eran descritas por los antiguos escribas como copias de «textos de antaño». Un grupo de 23 tablillas terminaba con la frase: «tablilla 23a: lengua de Shumer sin cambiar». Otro texto llevaba una enigmática frase del mismo Assurbanipal: El dios de los escribas me ha concedido el don de conocer su arte. “He sido iniciado en los secretos de la escritura. Puedo incluso leer las intrincadas tablillas en shumerio; comprendo las enigmáticas palabras talladas en la piedra de los días anteriores al Diluvio”. La afirmación de Assurbanipal de que podía leer las intrincadas tablillas en «shumerio» y comprender las palabras escritas en tablillas de «los días anteriores al Diluvio» sólo consiguió agudizar aún más el misterio. Pero en Enero de 1869, Jules Oppert sugirió ante la Sociedad Francesa de Numismática y Arqueología que había que reconocer la existencia de una lengua y un pueblo pre-acadio. Apuntando que los primeros soberanos de Mesopotamia proclamaban su legitimidad tomando el título de «Rey de Sumer y Acad», Oppert sugirió que se llamara a aquel pueblo «sumerios» y a su tierra «Sumer».. Sumer no era una tierra misteriosa y distante, sino el nombre primitivo de las tierras del sur de Mesopotamia, tal como se establecía en el Libro del Génesis: Las ciudades reales de Babilonia, Acad y Erek estaban en «tierra de .Senaar» (Senaar, o.Shin’ar, era el nombre bíblico de Shumer). En el momento en el que los estudiosos aceptaron estas conclusiones, se abrió paso a lo que tenía que suceder. Las referencias acadias a los «textos de antaño» tomaron pleno significado, y los asurbanipalestudiosos no tardaron en darse cuenta de que las tablillas con largas columnas de palabras no eran más que vocabularios y diccionarios acadio-sumerio preparados en Asiría y Babilonia para su propio estudio de la primera lengua escrita, el sumerio. Sin estos antiquísimos diccionarios, aún estaríamos lejos de poder leer el sumerio. Y, con su auxilio, se abrió un vasto tesoro literario y cultural. También quedó claro que a la escritura sumeria, originalmente pictográfica y tallada en la piedra en columnas verticales, se le dio un trazado horizontal para, más tarde, estilizarla para escribirla con cuñas sobre suaves tablillas de arcilla, hasta convertirla en la escritura cuneiforme que adoptaron acadios, babilonios, asirios y otras naciones del Oriente Medio de la antigüedad. Al descifrarse la lengua y la escritura sumerias, y al darse cuenta de que los sumerios y su cultura eran el origen de los logros acadio-babilonio-asirios, se le dio un gran impulso a las investigaciones arqueológicas en el sur de Mesopotamia. Todas las evidencias indicaban ahora que el comienzo se encontraba allí. La investigación de Planeta Azul ha recorrido la ruta histórica a través de la evidencia científica, arqueológica de los textos antiguos, hasta llegar al sitio donde se origino la civilización, ahora comenzaremos a ver con claridad porque se nos ha contado la historia de la raza humana tergiversada.

RECOPILACION INVESTIGATIVA: ING. REYNALDO PEREZ MONAGAS

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: