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155-EL ÓNFALO DE DELFOS

noviembre 19, 2014

-1Planeta Azul se presenta de nuevo esta vez desentrañando la realidad del ónfalo de Delfos. En el oráculo de Delfos, en Grecia, existe la reproducción de una gran piedra conocida como Ónfalos. El significado de esta extraña palabra es ombligo, del griego onphalos. ¿Y por qué este nombre? Hemos de recurrir a la mitología. Cuando al titán cronos se le profetizó que uno de sus hijos lo destronaría, el pavor y la maldad se apoderaron de él y decidió devorar a todos los hijos que tuviese con su consorte Rea. Poseidón, Hades, Hera, Deméter y Hestia. Uno tras otro fueron devorados por el implacable padre ante el terror de su madre. Sin embargo, estando gestando al terrible Zeus, Rea urdió un engaño. Al nacer el niño y presentarlo a Cronos, engañó a su marido dándole una piedra envuelta en pañales. Cronos cayó en el engaño y descansó tranquilo en su maldad. Mientras tanto, Zeus creció oculto, esperando la deliciosa venganza. Llegado el momento, se enfrentó a su padre y le hizo vomitar a todos sus hermanos Dioses Inmortales. Lo primero que salió de su estómago fue la famosa piedra, que cayó sobre la tierra. Ésta es la que permaneció en Delfos como lugar de culto. Hoy suponemos que esa piedra era el resto de un meteorito. ¿Y por qué? Cronos fue al cielo y al vomitar la piedra, se imagesPDF3HEWBpuede decir que el cielo vomitó. El ónfalo es un antiguo betilo o artefacto pétreo de uso religioso originario del ádyton del oráculo de Delfos, en la Antigua Grecia. Según la mitología, sería la piedra dejada por Zeus en el centro (ombligo) del mundo. La leyenda cuenta que Zeus hizo volar dos águilas desde dos puntos opuestos del Universo. Las águilas llegaron a encontrarse en Delfos, en el lugar donde hay una piedra cónica llamada ónfalo. La piedra, en forma de medio huevo, fue encontrada durante las excavaciones cerca del templo de Apolo. Estas piedras que representaban el ombligo del mundo simbolizaban el centro o lugar a partir del cual se había iniciado la creación del mundo. Al colocarlas en un determinado espacio, se le sacralizaba y convertía en centro religioso. En el caso del ónfalo de Delfos, este santuario se convirtió en el ombligo o centro religioso de toda Grecia. Cuando se hizo evidente que su hija estaba en peligro, Hefesto decidió matar a Kratos. El dios herrero intentó engañar a -3Kratos, diciéndole que lo podía ayudar. Le dijo al espartano que viajara a las Fosas del Tártaro con el fin de encontrar la Piedra del Ónfalos, para que le pudiera hacer un arma a Kratos. Kratos no tenía necesidad de otra arma, como ya tenía bastantes. Sin embargo, Hefesto insistió que crearía un arma especial y única. En el Tártaro, Kratos se encontró con el titán Cronos. Al darse cuenta del paradero de la piedra, mató a Cronos, sacando la piedra del estómago del titán. Enfurecido, Kratos regresó con Hefesto, ya que creía que el dios herrero lo había enviado a su muerte. Hefesto se declaró inocente, alegando que sabía que el Fantasma de Esparta podía superar tal reto. Después de completar el Látigo de Némesis, Hefesto trató de electrocutar a Kratos con su anillo en un último intento de matarlo. Kratos sacudió el efecto, y mató a Hefesto clavándole su propio yunque. El ombligo ha sido, desde-4 tiempos remotos en el Viejo Mundo, el símbolo del centro. A partir de ese centro se creía que se había realizado la creación del mundo. Se sabe de la existencia de este símbolo en diversos pueblos. Su colocación en un lugar escogido otorgaba su sacralización y lo convertía en el centro del mundo. Antes de llegar a la situación actual, en la que cientos de miles de turistas visitan el santuario, Delfos vivió en el olvido durante siglos. Tras la clausura del recinto sagrado y de su oráculo por orden del emperador cristiano Teodosio en el año 385 d.C., el lugar perdió el uso que había desempeñado durante generaciones, y en su ubicación se levantaron distintas aldeas e iglesias cristianas que fueron desdibujando poco a poco su antiguo y esplendoroso pasado, hasta que finalmente la labor de la Pitia fue poco más que un recuerdo brumoso. Sin embargo, todo cambió en el siglo -5XVII, cuando dos viajeros llegados desde la otra punta de Europa, el francés Jacques Spon y el británico George Wheler, localizaron las ruinas de Delfos de forma casi casual. Tras el hallazgo, y con el paso de los años, otros viajeros europeos, entre los que se cuenta el célebre Lord Byron, llegaron hasta el enclave sagrado. No obstante, no fue hasta 1860 cuando comenzaron las primeras excavaciones, primero a cargo de arqueólogos alemanes y más tarde, ya a finales del siglo XIX con los trabajos de la Escuela Francesa de Atenas. Gracias a estos trabajos, y en especial a los realizados en el siglo XX, ya con criterios arqueológicos modernos, fueron saliendo a la luz todos los secretos del santuario, hasta ahora sólo conocidos o parcialmente conocidos a través de las fuentes literarias clásicas. Así, las excavaciones han permitido determinar que el culto a Apolo en el lugar –la dedicación a una deidad femenina habría sido muy anterior– surgió como muy tarde en el siglo VIII a.C. Desde aquella época, el recinto estuvo-6 controlado por un colegio sacerdotal, con la Pitia al frente, hasta el que acudían peregrinos de toda Grecia con la intención de recibir los vaticinios de la sacerdotisa de Apolo. Poco a poco, y con el paso de los años, el santuario fue aumentando su importancia e influencia, hasta convertirse, entre los siglos VI y IV a.C. –su mayor época de esplendor–, en el auténtico centro del mundo para los antiguos griegos, tal y como reflejaba el mito protagonizado por Zeus y Atenea. Este apogeo se produjo tras la Primera Guerra Sagrada, cuando la Anfictionía –una liga de varias ciudades griegas–, se hizo con el control del santuario. Esta importancia del enclave, que se convirtió en todo un símbolo cultural para los griegos, no se debió únicamente a motivos religiosos, sino también políticos y estratégicos. Así, junto a los miles de peregrinos que acudían -7de forma privada para consultar al oráculo sobre cuestiones personales, hasta Delfos llegaban a menudo delegaciones enviadas desde las ciudades-estado. Estas embajadas sagradas, llamadas theoríai, buscaban un vaticinio que les permitiera tomar importantes decisiones de índole política, que en la mayoría de las ocasiones tuvieron una gran trascendencia histórica. Así, tras un vaticinio del oráculo, se llegó a modificar la Constitución ateniense, se estableció la Ley básica de Esparta o se llevaron a cabo fundaciones de colonias como Sicilia. En otros casos, las consultas eran de carácter estratégico y militar, hasta el punto de que no se iniciaba una guerra sin antes consultar al oráculo de Delfos. Curiosamente, la Primera Guerra Sagrada, que tuvo como consecuencia el apogeo de Delfos, se declaró con la excusa de un vaticinio. Otro evento bélico, la conquista de Salamina en el siglo VI a.C., fue también inspirado por el santuario, y hechos trascendentes como las Guerras Médicas o la Guerra del Peloponeso, se vieron notablemente influidos, en todos los bandos, por las revelaciones arrojadas por la Pitia en sus trances extáticos desde el santuario de Apolo. Esta circunstancia tuvo, en no pocas ocasiones, un -8resultado catastrófico, pues los oráculos emitidos por la Pitonisa eran célebres por su ambigüedad, lo que llevó a tomar decisiones equivocadas. En este sentido, es famoso el caso de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, quien perdió la vida tras interpretar erróneamente un oráculo originado en Delfos. La consulta de los fieles al oráculo no era un acto sencillo, sino que suponía un complejo proceso ritual de carácter iniciático. De este modo, para conseguir la ansiada respuesta a sus preguntas, los fieles debían seguir una serie de pasos claramente establecidos que, de no realizarse correctamente, impedían llevar a cabo la consulta con éxito. Normalmente, el proceso se iniciaba con el propio viaje, que la mayoría de los fieles realizaban a través de la llamada Vía Pítica, y que recorría distintas etapas que pasaban por Beocia y Fócide. En definitiva, se trataba de un auténtico -9camino de peregrinación que podría compararse, salvando las distancias, al que recorren hoy en día los peregrinos que se dirigen a Compostela. El carácter iniciático del viaje quedaba remarcado por el hecho de que los viajeros se dirigían al lugar donde se hallaba el onphalos, el “ombligo del mundo”. Una vez llegados a las puertas del santuario, lo primero que veían los peregrinos era el recinto sagrado de Marmaria, donde se encontraba el templo de Atenea pronaia, del que hoy apenas quedan unas ruinas, entre las que destacan las hermosas columnas del tholos o templo circular. Después se accedía a la fuente Castalia, con cuyas aguas era preciso purificarse antes de consultar al oráculo, cosa que hacían no sólo los fieles, sino también los sacerdotes y la propia Pitia. Tras la limpieza ritual se accedía al santuario propiamente dicho, y se recorría la vía pítica, salpicada por los distintos tesoros de Delfos, ofrecidos por atenienses, sifnio o sicionios en honor a Apolo. A continuación, y como paso previo a la consulta, se procedía al sacrificio de un cordero. Éste era rociado con agua fría, y si temblaba de pies a cabeza se interpretaba que el dios accedía al sacrificio. El momento cumbre del proceso, la consulta al oráculo, tenía lugar en el interior del templo de Apolo, el lugar más sagrado e imponente del santuario, del que hoy sólo quedan ruinas. En su interior, en un misterioso recinto denominado ádyton –del que apenas se poseen datos–, se refugiaba la Pitia para entrar en 9trance y hablar en nombre del dios. En aquel recinto, auténtico sancta sanctorum del templo, se custodiaban hojas de laurel, la piedra sagrada u onphalos que marcaba el centro del mundo, y el trípode o trono sobre el que se sentaba la sacerdotisa para realizar el vaticinio. Aunque el consultante accedía al ádyton, en ningún momento podía ver a la Pitonisa, oculta tras algún tipo de estructura, y tampoco podía plantear su pregunta directamente, sino que debía plantearla a través de los sacerdotes o prophetai. A continuación, y de una forma todavía no aclarada –ver recuadro–, la sacerdotisa entraba en trance, recibiendo la “inspiración” de Apolo y recitando unas palabras apenas inteligibles que debían ser interpretadas por los sacerdotes. La respuesta, siempre ambigua –lo que permitía acertar más fácilmente– era anotada en el libro de los oráculos, y entregada al consultante. En las primeras etapas del santuario, las imagesTQ6UNMYJconsultas al oráculo de Apolo se realizaban siempre el séptimo día del mes de Bysios –cumpleaños del dios–, pero con el paso del tiempo y el aumento de popularidad, se ampliaron a todos los días siete de cada mes, con excepción de los tres meses de invierno. Esta última circunstancia se debía a que, según el mito, en ese tiempo Apolo abandonaba el santuario, que quedaba bajo la custodia de Dionisio, cuya tumba estaba supuestamente en Delfos. Otro de los puntos oscuros sobre el santuario se refiere a las propias adivinas. Entre los pocos detalles que se poseen sobre ellas destaca el hecho de que fueran generalmente mujeres de unos cincuenta años, simples campesinas que hasta el momento de ser escogidas para tan importante papel habían desarrollado una vida normal, incluso contando con una familia. Sin embargo, todo cambiaba una vez que resultaba elegida por Apolo para servir de instrumento a sus profecías. Entonces debía abandonar a esposo e hijos y recluirse para siempre en una vivienda situada en el interior del santuario.-2 Por otra parte, los historiadores han logrado determinar que en el momento de su mayor apogeo, Delfos contó con tres sacerdotisas que ejercían la labor de forma simultánea. Con el final de las Guerras Médicas llegó también el fin de la independencia política del santuario, que a partir de entonces pasó de forma sucesiva a estar controlado por distintas ciudades-estado y, finalmente, de Roma. Aquel fue el comienzo de la decadencia de un enclave sagrado que había atraído durante siglos la atención de reyes y mandatarios, tanto griegos como extranjeros, que acudían al oráculo en busca de respuestas a cuestiones trascendentes. Ya en el siglo II d.C., con el emperador Adriano en el poder de Roma se produjo un último intento por revitalizar el oráculo de Delfos. Pero aquel esfuerzo fue poco más que un espejismo. A finales del siglo IV otro emperador romano, el cristiano Teodosio, ordenó clausurar las celebraciones paganas en torno al antaño safe_imageAQYJYBWVglorioso templo de Apolo. Terminaban así más de mil años de esplendor, durante los cuales aquel rincón recóndito e imponente de Grecia había sido el auténtico centro del mundo clásico, inspirando a fieles, políticos, reyes y emperadores respecto a cuestiones que cambiaron para siempre el rumbo de la Historia. Según los teóricos de los antiguos astronautas el oráculo de Delfos era algo así, como un centro de comunicaciones con los dioses, quienes impartían las directrices para conducir el desarrollo de la civilización que habían creado en todos sus aspectos, geopolítica, arte, medicina, cultura, guerras de conquista, política y leyes, entre otros. Interesante analogía de los mitos y leyendas con los hechos reales, enmarcada en las grandes conspiraciones que ocultan el secreto mayor guardado de la historia de la humanidad.

 

RECOPILACION INVESTIGATIV: ING. REYNALDO PEREZ MONAGAS

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