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225- MUJER CHAMANA

octubre 19, 2018

Desde tiempos inmemoriales, la noción de vida ha sido asociada a la mujer. Ella es, por siempre, portadora de vastos conocimientos para realizar actividades curativas en su comunidad. La llegada de los españoles relegó de este rol a la mujer, sin embargo, esta ha protegido clandestinamente sus conocimientos y rituales, transmitiéndolos oralmente de generación en generación. La autora expone sus propuestas para que en la actualidad la mujer tenga acceso a todas las actividades de la sociedad. Históricamente, en todas las culturas, la mujer y la salud han estado íntimamente ligadas, y por ende la mujer a la vida misma, ya sea como paciente o como curandera. En la antigüedad, época de diosas telúricas y fecundas, la mujer ocupaba un lugar privilegiado. La noción de vida se asociaba a la tierra y a la mujer como su análoga, por llevar en sí la simiente que al mismo tiempo representaba la fertilidad de la tierra. Era la época del matriarcado donde se respetaba a la tierra y a la mujer madre, a la madre tierra. La acción del hombre en el proceso vital fue descubierta y reconocida después, y con el advenimiento de nuevos conceptos variaron también los patrones sociales y las relaciones de género, iniciándose la sociedad patriarcal. Se reconocía a la mujer como portadora de mayor intuición, con mayor facilidad de acceso al mundo-otro, el de los dioses, para poder acceder a otros conocimientos. Era por ello natural que la mujer desempeñara actividades en relación a la curación, siendo dentro de las sociedades tradicionales parte indivisible de la vida; nacer, vivir, estar con salud o enfermedad e incluso morir son parte del mismo proceso. La salud o enfermedad atribúyanse a la acción de divinidades y/o a la alteración de la relación con el medio y los objetos y seres del entorno, todos ellos animados. El sacerdote o la sacerdotisa, nexos entre la divinidad y el hombre, tenían el don de poder conjurar o curar la enfermedad: el espíritu habitaba el cuerpo. La religión y la salud estaban en íntima relación (santé-santidad): la salud del cuerpo y espíritu eran una unidad e integraba el ser, el entorno, el más allá de aquel mundo-otro que interactuaba permanentemente con éste. Mientras las culturas americanas agrícola-religiosas hallaban la trascendencia a través de la materia, de la Pacha-mama, de la naturaleza, Europa vivía lo contrario, el rechazo al cuerpo, a la esencia del ser humano y tendía hacia el espíritu inmaterial y racionalista, alejándose de la tierra. Esta tendencia filosófica, intelectual, contradecía la real actuación orientada a la máxima producción y acumulación de bienes materiales, aun en desmedro de sus valores sociales y morales. Era el surgimiento del cientificismo y la tecnocracia como sustitutos de las doctrinas hasta entonces imperantes, que se imponían como portadores de la “verdad” y que por tanto no admitían discusión: todo lo ajeno era falso. Es en ese contexto que, para personas venidas de afuera, como los conquistadores, cargados de afán inquisitorial e ignorando la cultura americana, todo acto curativo, ritual o religioso, por incomprensible era punible. Mesoamérica no escapó a este esquema y los conquistadores borraron todo signo de “paganismo” y reprodujeron en los pueblos conquistados la estructura de su propia sociedad, proyectando sus valores a todo lo que observaban, entendieran su sentido o no. Edificando sus templos sobre los cimientos firmes de las creencias americanas antiguas, relegaron a la oscuridad su cultura y como parte de ella, sus sistemas religiosos y curativos. El rol de la mujer en toda Latino américa pasó a estar oculta o enmascarada tras la preponderancia de los roles masculinos. El curanderismo pasó a ser “hechicería”, así como las deidades telúricas, satanizadas, desapareciendo del escenario público durante siglos con la destrucción de los signos físicos ligados al culto. Sin embargo, esta “desaparición” fue aparente, una forma de proteger los conocimientos y rituales que transmitidos en el núcleo familiar, por mujeres que han fungido de guardianas, persisten y forman actualmente un cuerpo de conocimientos vivo y vigente, que protege la salud en los lugares más alejados y desfavorecidos, y que se transmite en forma oral. El sincretismo con los rituales cristianos en costa y sierra, el folklore, la secular resistencia pasiva de los pueblos andinos, el refugio en áreas inhóspitas y la eficacia de los métodos curativos facilitaron la persistencia cultural. “No se pudo borrar de la memoria colectiva de los pueblos las creencias ancestrales que persisten como tradición oral. ” En Europa se daba el mismo fenómeno, las mujeres en los conventos se dedicaban a manuscribir textos, lo que les permitía conocer por adelantado lo que transmitían después a los curas que dominaban el conocimiento científico de la época. El nivel cultural de la mujer en la edad media era superior al del varón, y gozaba también de poder político, de acuerdo a la clase social a la que pertenecía. La discriminación era más socio económica que de género. En esta época hubo importantes aportes de la mujer en el campo de la educación y de la salud (el primer hospital fue abierto por una mujer: Catalina en Francia). Con el devenir de las luchas religiosas y el apogeo de la técnica, la mujer fue relegada. El oscurantismo medieval llegó a su clímax al sacrificar miles de mujeres llamándolas “brujas”, dejando campo libre al varón para dominar en el campo de la salud, ¿cuántas curanderas, parteras o sacerdotisas murieron?, nunca lo sabremos. Lenta y solapadamente la sociedad fue marginando a la mujer política y socialmente hasta llegar a la sumisión casi total en que se encontraba al iniciar el presente siglo.

Yenny Carolina Gonzalez Linares.

 

RECOPILACIÓN INVESTIGATIVA: ING. REYNALDO PEREZ MONAGAS

 

 

 

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